Viernes, 2 de Noviembre de 2018 | 2:00 pm

Esfuerzos titánicos para salvar ave diminuta en Venezuela

Las imágenes de un pequeño pájaro rojo, que apenas llena la palma de una mano aparecen en todas partes de Venezuela - impresas en billetes, etiquetas de chocolates y portadas de libros escolares para niños.

Pero el Cardenalito rojo tipo pinzón se está desvaneciendo de la naturaleza a una velocidad alarmante, siendo presa de un siglo de bosques reducidos y cazadores furtivos que cobran por sus brillantes plumas rojas, muy apreciadas en todo el mundo por los criadores de aves exóticas.

Esa amenaza ha reunido a un equipo internacional que incluye científicos de la Institución Smithsonian en Washington y agricultores de café pobres en las remotas montañas de Venezuela, todos dispuestos a rescatarlo de la extinción.

Miguel Arvelo, veterinario de Provita: "No les quedan muchos años, a menos que hagamos algo en este momento", dijo Miguel Arvelo, veterinario de Provita, una organización sin fines de lucro con sede en Caracas, uno de los grupos que encabeza el esfuerzo.

Una vez florecieron en millones, ahora tan solo unos 300 permanecen en libertad, aunque los científicos dicen que es difícil estimar su número.

El objetivo de la iniciativa Cardenalito es atraer a los agricultores a cultivar plantas de café orgánico con capas de ramas gruesas que invitan a las aves en peligro de extinción a anidar.

Esto revierte una tendencia entre los agricultores que para aumentar la producción del grano de café hacen menos tupidos los cafetales para obtener más luz solar, o aun peor, los arrancan por completo para plantar hortalizas que producen un beneficio más rápido.

Los científicos ocultan cuidadosamente la ubicación de las aves haciendo todo lo posible para protegerlos de los cazadores furtivos, pero permitieron a la Associated Press fotografiar una pequeña bandada en una ubicación secreta en su hábitat natural.

Visitarlos requería llegar antes del amanecer, esconderse inmóvil y en silencio en la hierba alta , bajo la lluvia torrencial.

Luego, al salir el sol se lanzaron en una docena o más, aterrizando uno por uno muy alto en las ramas de los árboles, acicalándose y cantando en voz alta.

Ricardo Nunes, Associated Press
 

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